El Hospital Infantil Municipal ofrece capacitaciones y apoyo escolar a adolescentes con patologías crónicas para promover su inserción social. Gracias a las donaciones que recepta con la Campaña del Papel, en 2011 el servicio Factor A+ (adolescencia positiva) contribuye a la educación de 20 pacientes.

Profesionales voluntarios y adolescentes trabajan en conjunto en talleres integradores (Fotomontaje Jonathan Picossi).
Por Jonathan Picossi y Carolina Luna
@jhonnypicossi / @caromoon05
El programa adolescencia positiva forma parte del plan “Programa de asistencia al paciente ambulatorio” impulsado por el Hospital Infantil de Alta Córdoba. El objetivo es brindar un espacio de contención social a adolescentes con patologías crónicas, para alivianar las exigencias de sus tratamientos y promover su inserción social. El proyecto está financiado por las donaciones que recibe la Campaña del Papel, sin contar con el apoyo económico del Estado.
El Factor A+ ofrece talleres de capacitación y seguimiento interdisciplinar personalizado a cargo de voluntarios especializados en áreas como psicología, trabajo social, psicomotricidad, entre otras. De esta manera, el equipo profesional busca apuntalar la voluntad y subsanar los trastornos que los adolescentes padecen debido a sus tratamientos o patologías.
El desafío se encara a través del aprendizaje de alguna disciplina artística o deportiva, el apoyo escolar para quienes hayan abandonado los estudios debido a la complejidad de su estado, y el acompañamiento terapéutico. “Le damos la posibilidad a los chicos de hacer alguna actividad de recreación, capacitación, la que se considere adecuada y acorde a sus posibilidades. Puede trabajar desde un CPC hasta un profesor particular, según sea el interés del paciente. El proyecto es flexible”, explicó Marisa Montiel, coordinadora del programa.
“Actualmente se dictan talleres de cocina, computación, manualidades, pintura, literatura, y hay intereses por mecánica automotor, danza, folklore y otras disciplinas”, destacó la coordinadora, dejando en claro que el proyecto se adapta a las necesidades e intereses de los pacientes. Según Montiel, el principal objetivo es facilitar y promover vías de inserción social a pacientes entre 13 y 19 años en condiciones de vulnerabilidad.
“Una vez por semana se reúne el equipo de trabajo para poder compartir las experiencias y buscar soluciones a las problemáticas que se presenten. Hay casos particulares que necesitan especial atención interdisciplinar, por lo cual se intenta acompañar, contener y formar a los voluntarios para que puedan brindar una asistencia adecuada a los pacientes”, expuso Montiel sobre la modalidad de trabajo del equipo.
En cuanto a su funcionamiento, el Factor A+ recibe derivaciones de los profesionales médicos del hospital, o de otras instituciones, cuando se considera inminente la necesidad del paciente de una actividad alternativa y correlativa a su tratamiento. Luego se establece una entrevista con el joven y su familia, en la cual se informa sobre el funcionamiento y financiamiento del proyecto.
El proyecto fue impulsado en el 2007 desde el área de oncología del Hospital Infantil para pacientes que estaban fuera del sistema educativo formal. Actualmente cualquier paciente que requiera apoyo terapéutico integral puede acceder al proyecto. Ya suman 20 los jóvenes que reciben capacitación mediante el Factor.
“Luego de la primer entrevista con el paciente, al conocer sus intereses, se comienzan a formular los nexos con ciertos espacios donde el adolescente pueda asistir a la actividad elegida. Se coordina con la familia y el equipo de trabajo para poder hacer efectiva la asistencia del paciente a la actividad”, destacó Montiel.
El sustento y viabilidad del programa depende exclusivamente de la recaudación obtenida con la campaña del papel y tapitas que recepta el hospital. “Todo se financia, porque se trabaja con diversas instituciones, centro culturales, y todos demandan una mensualidad fija, una donación. El principal gasto tiene que ver con la movilidad de los pacientes y del equipo de trabajo”, expresó la coordinadora del proyecto.
El plan para este año radica en la promoción de encuentros grupales para fortalecer el desarrollo de redes sociales saludables. Los esfuerzos se orientan a proponer actividades dinámicas e interactivas referentes al tema de identidad y habilidades comunicaciones, una de las principales falencias de los pacientes con los que se trabaja actualmente.
Adolescencia Positiva es un servicio más que los profesionales y las familias pueden considerar a la hora de abordar la educación y desarrollo integral de un adolescente con patología crónica. Teniendo en cuenta la vulnerabilidad de la franja etárea de los pacientes, los talleres son una opción para fortalecer el autoestima, el pensamiento crítico y creativo, la empatía e independencia. Se trata de impulsar un modelo de asistencia integral que año a año se recrea e incluye a nuevos pacientes.
Mucho más que voluntad
“El poder brindarse para hacerle un bien a otro me reconforta muchisimo”, indicó Laura Minetti, estudiante de psicología voluntaria del Factor A+. Afirma además que dedicar tiempo y trabajo para asumir la tarea de acompañar a estos adolescentes es la esencia del voluntariado del programa. “Se busca abandonar la categoría de pacientes, pasivos, para ayudar a volverlos sujetos activos”, expresó Minetti.
Situaciones cotidianas y hasta naturales para una gran mayoría, en algunos casos son verdaderos desafíos que se abordan con paciencia y dedicación. “El fin no es la actividad en sí, tratamos de ver cosas más amplias, crear un espacio para ellos” destacó Minetti.
Acompañar a los jóvenes en sus decisiones diarias, en la actividad que eligieron para capacitarse, compartir sus intereses, escucharlos, son sólo algunas de las aristas que el equipo de profesionales del factor adopta para abandonar la concepción pasiva en la que recaen muchos pacientes debido al alcance de su enfermedad y las exigencias de su tratamiento.
La experiencia de Minetti, en común acuerdo con el equipo del Factor, explica que brindar un espacio de contención es integrar a estos jóvenes a la cotidianeidad social. Es posicionar desde el lugar de sujetos activos a quienes, más allá de su patología, tienen las mismas necesidades que cualquier persona. Aportarles la posibilidad de que alguien les pregunte qué quieren hacer y aprender les permite tomar las riendas de sus decisiones. “El espacio se crea en el compartir, y en este sentido nosotros aprendemos de los chicos y ellos de nosotros”, definió la voluntaria.

