En un mundo donde los derechos humanos son muchas veces atropellados, quedan desamparadas las personitas más indefensas: los niños. Un grupo de familias se unió para promover que la burocracia no los perjudique.
Por Mariana Glaser
@marianaglaser
A partir del abandono, ausencia o carencia de los padres biológicos, muchos menores son llevados a procesos judiciales que pueden durar años en solucionarse. En el camino, los pequeños son insertos en instituciones u orfanatos que a través de los cuidados básicos, se encargan de la contención del niño.
Sin embargo, la falta de un núcleo y vínculo familiar, puede afectar en gran medida al desarrollo psicológico y emocional del menor.
A partir de esta problemática, surgen en los años 90 algunas organizaciones no gubernamentales y fundaciones, para tomar cartas en el asunto y acompañar a los “niños en tránsito” a través de familias provisorias.
Entre estos organismos, Familias de Esperanza es una asociación de Buenos Aires que desde 1994 tiene como principal objetivo la contención afectiva y de cuidado de niños en situación de vulnerabilidad social.
Diversas familias se incorporaron al proyecto y reciben niños de hasta nueve años en sus hogares por tiempo indeterminado.
“Queremos garantizar el acceso de los niños a una real posibilidad de lograr un destino mejor, que, al incluirlo en una vida familiar mientras se resuelve la situación por la cual el niño ha sido separado de su familia de origen, evitan su sufrimiento y lo protegen de los daños y secuelas en el futuro”, dijo Patricia Talevi de Moras, Presidenta de Familias de Esperanza.
Una historia real
Angélica Gutiérrez vivió muchos años en Buenos Aires con su marido y sus cuatro hijos. Cuando conoció lo que hacía la fundación Familias de Esperanza se convenció de que esa era su vocación, y a pesar de tener suficiente trabajo con sus cuatro pequeños, le abrió las puertas a más de 45 niños que fueron pasando por su casa a lo largo de varios años.
Así fue que fundaron Familias del Corazón, una ONG que contempla a menores en abandono de cero a tres años.
Hace cuatro años Angélica y su familia vinieron a vivir a Córdoba. Sin dejar de lado su condición de familia en tránsito, se involucraron con el Programa Nazaret, una asociación con los mismos objetivos.
¿Cómo surge el encuentro con este costado solidario?
Más que un encuentro, fue descubrir una vocación. Empezamos a recibir niños que venían directamente del juzgado y nos fuimos involucrando con otras familias y así creamos la asociación Familias del Corazón, para tomar a aquellos niños en edad lactante. Cuando llegué a Córdoba, nos conectamos con Nazaret que es otra institución que funciona igual.
¿En qué situación se encuentran los niños que llegan a tu casa? ¿A quién están cuidando en este momento?
Ahora tenemos a un varoncito de nueve meses y medio con una problemática brava, post traumático. Estamos comenzando con terapias ocupacionales, porque sufrió tanto que está muy distraído y necesita un cuerpo técnico para ayudarlo a ejecutar lo que él quiere. Queremos sacarlo adelante en todo lo que le está faltando. Son criaturitas que no vienen bien, vienen muy golpeadas, disminuidas. Son carentes de amor, de cuidado especial, de familia, del calor de la mamá.
¿Cómo es el proceso para determinar el tiempo en que está en tu hogar y el destino que lo espera?
Eso lo determina Dios y la Justicia. En este momento ha cambiado la ley de menores, porque le quita la posibilidad de disponer del futuro del menor al juez, y lo pasa al poder legislativo. Están viendo cómo aplicar estos cambios. Estamos esperando a ver cómo sigue, pero aparentemente viene muy lento todo el proceso.
¿Reciben apoyo estatal?
No, nada de nada. Ni en las asociaciones de Buenos Aires, ni acá. Por ahí esporádicamente se recibe algún subsidio, pero casi nada. Acá en Nazaret gracias a Dios hay familias que pueden y están muy comprometidas y hacen que no le falte nada a ningún nene. Por ejemplo esté bebé tiene una patología y necesita una terapia mensual que cuesta cuatro mil pesos y gracias a Dios lo cubre la obra social nuestra, nos permitieron incorporarlo.



MUY BUENO MARIANA!!!
¡Qué bueno! Estuve desde los inicios en Familia de Nazaret… tuvimos con mi familia ocho bebés en total… ya hace tiempo. Todavía los vemos a casi todos!