Internet promueve la revolución de la propiedad intelectual

La socialización de contenidos es el eje del debate  sobre los derechos de autor en la era digital. Mientras todo parece compartirse, el avance de las nuevas tecnologías impulsa la crisis de grandes industrias. Panorama legal y debate trunco entre software legal y el libre.


Por Jonathan Picossi
@jhonnypicossi

Todo cambio nace de los gérmenes de la etapa precedente. La revolución digital de la que somos parte los nativos del siglo XXI nos coloca en lugar de privilegio para debatir las transformaciones que las nuevas tecnologías generan en nuestra cotidianeidad. Quienes reflexionan sobre esta nueva era emplean términos como cambio de paradigma, creación colectiva, democratización de contenidos, software libre,  mientras que los que defienden sus derechos de propiedad intelectual ante el avance de Internet expresan en sus discursos términos como piratería, anarquía digital, software legal, etc.

Según el último estudio de la Business Software Aliance (BSA), principal voz de la industria legal a nivel global, en 2010 la “piratería” recaudó aproximadamente un récord de 59 billones de dólares. En Argentina, el software pirata acaparó el 70% del mercado, lo que se traduce en un valor comercial de 681 millones de dólares.

Por otro lado, la irrupción de las nuevas tecnologías en el mundo del arte invita a un profundo análisis sobre la producción de bienes culturales. Mientras que en el siglo XX las grandes industrias de la música, literatura y cinematografía tenían a la ciencia y la tecnología como principales aliados para mejorar sus producciones y acumular más capital, hoy parecen erigirse como el más feroz de sus enemigos. Por su parte, los defensores de la web 2.0 y el software libre afirman que la consigna actual del mundo artístico es “compartir”.

Según la Real Academia Española el arte es una “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. Esta es una convención lingüística y por lo tanto, debiera ser arbitraria. Bien sabemos que el arte para cada ser humano significa algo en particular que va más allá de cualquier convención. ¿Pero qué es el arte en Occidente, donde la lógica del mercado muchas veces parece superar a la del espíritu? ¿El arte tiene dueño?

Creative Commons es una organización no gubernamental sin fines de lucro que promueve el empleo de licencias gratuitas y digitales que permiten la producción colectiva de contenidos. “Cuando te saltas a los intermediarios puede ser así de fácil”, expresan desde la web de la organización, fundando así la base de su existencia: superar las barreras legales a la creatividad que permiten las múltiples oportunidades generadas en Internet para producir bienes culturales colectivos o mejorar los ya producidos. Se privilegia la creación de Mashups, literatura colectiva, mejorar propuestas musicales o audiovisuales, entre otros.

En diálogo con la revista Rumbos, Juan Insúa, director del Centro Contemporáneo de Barcelona Lab, rozó en su declaración el ápice del conflicto: “se necesitan nuevas leyes sobre la propiedad intelectual, pero es ética e intelectualmente reprobable confundir la remezcla con el robo, identificar piratería con intercambio de archivos o criminalizar el comportamiento online de los jóvenes”.

La República Argentina protege la propiedad intelectual de los bienes culturales en la ley nacional 11.723, con apoyo internacional en la Declaración Universal de Derechos Humanos y otros tratados internacionales que protegen el derecho de autor y el copyright (según la legislación anglosajona). Según Creative Commons la “gran C” representa un impedimento legal para las creaciones colectivas que busca promover según la lógica del software libre, basada en el reconocimiento de “solo algunos derechos”.

En materia legal, el derecho de autor tiene dos principales facetas: la moral, que es irrenunciable, inalienable y intransferible y reconoce la propiedad intelectual de uno o varios sujetos sobre la creación de un bien cultural; y la faceta patrimonial, que es intercambiable como cualquier bien material. En la actualidad, el debate recae sobre el cariz patrimonial de tal derecho, principal interés de las grandes industrias. Sin embargo, los defensores del software libre afirman que en contrapeso, la posibilidad de difusión del medio digital abre puertas a los artistas que están fuera del circuito industrial y a las producciones independientes.

Un caso pragmático: el próximo 28 de septiembre podría aprobarse en el Senado el proyecto de ley para la regulación de la producción musical, impulsado por el senador del Frente para la Victoria Eric Calcagno. Propone crear un Instituto Nacional de la Música como órgano de regulación y fomento, otorgando subsidios a artistas y discográficas independientes. Muchos artistas reconocidos apoyan esta iniciativa, mientras que el debate con los defensores del software libre parece truncado.

Desde la Fundación Vía Libre, representante del movimiento digital y cultural libre en Argentina, han mostrado su desacuerdo con el proyecto de ley de Música: “Usted, yo, y en particular los músicos que son los consumidores de música más voraces, tendremos un nuevo actor, “el INAMU”, que se sumará a la constelación de organizaciones como CAPIF, SADAIC, Argentores o Software Legal, que dedican sus recursos al hostigamiento legal sobre prácticas sociales instaladas hace tiempo: compartirSe socializa el costo del financiamiento, mientras se privatiza el producto del mismo. ¿No deberían por el contrario exigirse mayores garantías de acceso a los bienes que lo público está contribuyendo a financiar?”, expresan desde un comunicado subido a su página web.

El debate está abierto, y sus principales ejes podrían ser: ¿Internet favorece a los artistas para difundir sus producciones o debilita sus ganancias a través de la “piratería”? ¿El arte es una manera de lucrar o un medio de expresión? ¿El software libre permite vivir del arte, ya que al vivir en una sociedad capitalista es necesaria una remuneración económica para subsistir? El panorama es proclive al intercambio de opiniones, mientras las nuevas tecnologías siguen ganando el terreno que las grandes industrias parecen perder en materia de bienes culturales.

Compartimos un interesante debate sobre las compañías discográficas y la piratería, realizado en el programa “6, 7, 8″, por la Tv Pública, donde fueron invitados los líderes de “Calle 13″.